26.9.09

Un manojo de contradicciones [Parte III]


Como te he dicho, lo que digo no es lo que siento, por lo cual tengo una reputación de ser enamoradiza y sabelotodo, de coquetear y leer historias de romances. La alegre Ana ríe, brinda respuestas graciosas, se encoge de hombros y pretende que nada le importa. La Ana más calmada reacciona del modo opuesto. Si soy completamente honesta, tengo que admitir que sí me afecta, que realmente trato de cambiar, pero que siempre me enfrento a un enemigo más poderoso que yo.

Una voz dentro de mí se lamenta, ‘¿Ves?, en eso te has convertido. Estás rodeada de opiniones negativas, miradas que reprochan, rostros burlones y gente a la que no le agradas, y todo porque no escuchas los consejos de tu lado positivo’. Créeme, me gustaría escuchar, pero no resulta, porque si estoy calmada y seria, todos creen que estoy montando una escenita y tengo que remontar la situación con una broma. Y luego, mi propia familia, que asume que debo estar enferma, me llena de aspirinas y sedantes. Chequean que no tenga fiebre, me preguntan cómo está mi intestino y me regañan por estar de mal humor, hasta que no puedo tolerarlo más. Porque cuando todos me están encima, me enojo, luego me entristezco y finalmente termino ocultando mis sentimientos, dejando salir el lado negativo y ocultando el positivo. Sigo buscando un modo de convertirme quién me gustaría ser y en quién podría ser si… si tan sólo no hubiera otra gente en el mundo.

Tuya, Ana M. Frank.


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